viernes, 28 de enero de 2011

Ante la hoja en blanco...

Por J. Reyes


Muchas veces uno imagina las pesadillas como un infierno barroco y bizarro, donde hay tantos hechos horribles sucediendo a la vez que nuestra mente nos aísla de ellos y nos bendice con el olvido. Rara vez uno de estos demonios amorfos escapa de nuestro fiel y vigilante inconsciente (y cuando escapan, ya lo dijo Freud, siempre es bajo permiso de este guardián.)

Tal vez sea así normalmente, pero… En este momento, ante el espacio vacío sobrante en la hoja (página electrónica en este caso) me encuentro en un estado de pánico.

La hoja en blanco. ¿Qué es? ¿Qué veo yo en ese espacio? ¿Qué hay en él que no me permite estar en paz?

(Entonces comencé a pensar… Entre el último y siguiente párrafo pasaron algunos minutos. Miré detenidamente a ese espectro pálido buscando la respuesta, escuche la radio y trate de tener un infructuoso dialogo con ella.
Cuando descubrí que las voces en mis oídos nunca me iban a hacer caso decidí poner mi atención a las voces de mi cabeza, que si bien probablemente también me ignorarán, al menos no les que quedaría de otra que escucharme. Aburrido de no ser escuchado me dedique entonces a escucharlas. Y Como si fuese un milagro la respuesta llegó a mí.)

¿Qué es la hoja en blanco?

La hoja en blanco es el refugio de los pensamientos aun no nacidos.

Es la creatividad en forma de un nevado cementerio, lleno con los cadáveres de mis experiencias y memorias, atrapadas, pudriéndose, perdiendo la forma original con la que fueron enterrados en mi cabeza, agusanándose.

Bajo la impasible alfombra nevada se desplaza todo un mundo, una tierra cambiante que pese a estar encerrada y enterrada no deja de moverse, de mutar, de buscar una salida al mundo exterior…

Ahora entiendo, parece ser que la prisión de mi mente esta llena y sus hacinados habitantes amenazan con armar una revolución que ni el olvido podrá frenar pese a todos sus esfuerzos.

De nuevo, ¿Qué es la hoja en blanco?

La hoja en blanco es, de hecho,  la cuna de los pensamientos aún no nacidos, es la válvula de seguridad de la mente. ¿Acaso no son las letras o los trazos de un dibujo los retoños de la imaginación? ¿Qué acaso no son los frutos de una tierra abonada con el alma de un ser humano?

La hoja en blanco es un reto, es un árido desierto que busca que la vida crezca en él y que atrae a todo aquel que se sienta capaz de poner vida en ella, vida a través de las letras y los trazos.

Pese al eterno invierno presente en la hoja vacía, el abono de mi alma y la semilla de la voluntad dejan que la primavera llegue, llenando de negros retoños el paisaje, creando mundos.

¿Qué es la hoja en blanco?

Es un reflejo de mi mente, es el refugio de las ideas que las vuelve permanentes, es mi refugio.

(Creo que si desde el principio hubiese dicho que era mi manera de hacer catarsis me hubiese ahorrado esta cuartilla y media, pero me alegra ver que aun puedo hacer que algo crezca en este desierto… Finalmente siento paz.)

domingo, 23 de enero de 2011

De gatos y gatas ... miau!!!!!

Por: Gabina desu

Esta palabra se refiere de una manera equivocada a aquellas persona que se dedican a la labor de la limpieza y me refiero de manera  equivocada porque  los gatos serán los últimos seres  que le van a servir a alguien. 

Estas especies traídas de Egipto son todo menos serviciales. Son independientes y por lo general  no suelen correr moviendo la cola cuando les llamas, de hecho, si mueven la cola es porque están enojados.

Lo mismo me pregunto cuando los reggaetoneros  llaman a las mujeres “gatas”, algunas personas lo ven de una manera despectiva y lo es por el sentido en que lo dicen. Pero si lo dijeran  de una manera literal  dudo mucho que una gata se acercara a los reggatoñeros. Creo que tienen  tan buen gusto por lo simple que al ver esas medallas y esos relojes de oro llamativos saldrían corriendo por el dolor de retina y de mal gusto.  Ni  siquiera escucharían ese tipo de música, veo a las gatas sentadas bajo el sol escuchando algo tranquilo como Chopan.

Por suerte son gatos y gatos se quedan. Varios escritores les llaman la atención su forma de ser tan libre y  de hacer lo que les viene en gana. Un gato te acompaña no porque se lo pides  sino porque quiere. Aquellos que tenemos gatos sabemos que  no ronronean o dan vueltas porque están felices de vernos sino porque tienen  hambre. 

En los gatos, la mayoría,  buscan proyección, de dormir las horas que queramos, de hacer  lo que nos venga en gana, de  ir y venir sin dar explicaciones, de ignorar lo que nos desagrada…
Entonces no encuentro la relación  de utilizar esa palabra de manera despectiva, si es lo que la mayoría de la gente les gustaría hacer…  ser políticamente incorrecto. 

PD: Aunque considero que el tono a la hora de decirlo también es importante
PD2: Aun así creo que la mayoria prefiere ser llamado por su nombre

martes, 4 de enero de 2011

Hoy voy a cambiar...

Por J. Reyes

-          Tengo demasiado que cambiar… – musitó Uriel al verla  tomada del brazo de su nuevo novio…

Sus miradas se encontraron, ella se ruborizó inmediatamente y se aferró con fuerza a su actual pareja, disimulando su pena en un efusivo abrazo.

Mientras tanto por la mente de Uriel pasó la película de su extinta relación:

Un trago en el lugar donde él acostumbra tomar, miradas que se cruzan, una noche divertida, intercambio de teléfonos y direcciones de Facebook… Lo usual.

Mensajes que se convirtieron en llamadas, llamadas que se transformaron en citas y citas que luego se convirtieron en su vida cotidiana.

Siguiente escena: Una pareja feliz que cada miércoles se encontraba a la salida de su trabajo para ver una película y que todos los fines de semana salía a dar una vuelta por el Centro histórico.

La función de cine mental llegaba a su intermedio.

Uriel y ella estuvieron cómodos con este ritual todos esos meses… Demasiado cómodos… Jamás se había puesto a reflexionar sobre ese detalle hasta ahora que volvía a verla: todo había sido culpa de la rutina.

El intermedio concluyó con esa revelación y las imágenes se agolparon en su cabeza…

Él se llamaba orgullosamente a sí mismo “un animal de costumbres” y en ese instante descubrió que tan amaestrado estaba por ellas: el lugar donde la conoció era al que acudía religiosamente cada viernes por un trago, sus salidas al cine eran siempre en el mismo lugar y a la misma hora. Su recorrido por el centro histórico era similar o incluso más preciso que los tours para los visitantes extranjeros.

Los mismos comentarios, las mismas bromas, las mismas caricias e incluso las mismas posiciones al hacer el amor; todo era igual a cada instante, incluso su noviazgo era una copia al carbón de cada una de sus anteriores relaciones… Y al igual que en esas ocasiones comenzó a salir con la chica de reemplazo antes de dejarla definitivamente.

Uriel se había convertido en una sucesión de rituales y automatismos…  Y todos lo dejaban vacio… El placer se había convertido en un bostezo, la alegría en una cadena de reacciones preestablecidas, la carcajada solo era una respuesta condicionada al mismo estímulo forzado.

  En el momento que las miradas de ambos se cruzaron se dio cuenta de la verdad: ya no era un animal, solo era un envase para que la costumbre se manifestara.

Este encuentro fortuito despertó un nuevo deseo en lo más profundo, algo fuera de su cotidianeidad: deseaba ser libre de sí mismo, de la rutina, de sus hábitos, de la chica que reemplazaba a su ex pareja, la cual caminaba a su lado en ese mismo instante y que veía con incomodidad y vergüenza esta extraña reunión.

Ni Uriel ni su ex se detuvieron, ella continuó su camino hacia afuera del edificio con el rostro enrojecido, mientras  él apenas ingresaba con su desconcertada compañera…

En ese instante, contrario a su habitual forma de ser, comenzó a pensar las mil y un cosas que debería cambiar para ser libre de la rutina que lo ahogaba… Comenzando por el habito de llevar a sus parejas al mismo hotel de paso donde ocurrió este encuentro.

Tengo demasiado que cambiar… – musitó Uriel una vez más antes de perderse en los pasillos de aquel lugar.