lunes, 6 de diciembre de 2010

La doble moral es como la gripa, todo mundo la ha tenido más de una vez al año...


La Iglesia como  medio para encontrar la fe, es también un medio de la doble moral. Casi no  voy a la iglesia y si voy es por los quince años de mi prima y por la boda de una amiga…  es en ésta última donde lleve este sentimiento al límite. 

Pues bien,  soy de las que opinan que tomar la ostia en la misa es como ir a una fiesta y quedarse sentado. Pienso que todos los que se levantan en fila se sienten como tocados por dios y los que nos quedamos sentados  sólo miramos sus  caras de satisfacción. 

Mi acompañante decidió levantarse a tomar “El cuerpo de Cristo”, me preguntó si lo iba a hacer y le contesté que no me había confesado, de hecho hace 12 años que no le cuento mis problemas al padre.
Él me dijo que no era necesario, y le creí más a él que a mi catequista quien una vez en sus clases nos comentó que era necesario confesarse antes de comer la ostia  porque si no… pecado. 

Ya en la fila, a cinco personas de la señora que levantaba la oblea blanca, llegaron los remordimientos. Espera, le dije a mi amigo, he hecho cosas  para arrepentirse antes de decir amén.
Él me dijo: ¿Has matado? ¿Le has robado a alguien? De lo único de lo que te  tienes  que arrepentir es de llegar virgen al matrimonio.
¡También has hecho cosas muy malas!,  me horroricé,  al menos hay que arrodillarnos y pedir perdón antes de hacer esto. 

Y cuando quise regresarme estaba frente a la ostia  y la  señora con mirada tranquila que sutilmente sonreía  me decía “El cuerpo de Cristo”,  y yo  lentamente lo recibía. 

Amén

Corrí hacia los asientos y me arrodillé. Mi compañero se acercó y me preguntó: ¿Se te quemó la lengua?¿Se te partió? ¿No verdad?...

No, le contesté,  pero siento que el santo de la parroquia  me ve muy feo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario