Por J. Reyes
I
Yo sigo jurando que era en realidad otra cosa…
Ha pasado un par de meses desde que todo esto paso, pero insisto: había algo más de por medio.
Todo había comenzado de manera extraña… Ahora que lo pienso con detenimiento: ¿Por qué Sandra habría de invitarnos a comer?
Especialmente después de lo que pasó entre nosotros…
Todavía no tengo las ideas muy organizadas pero espero poder explicarme como fue que todo sucedió. Verán, esta Sandra es alguien bastante especial. Es una chica muy misteriosa, si saben a lo que me refiero… Si la conocieran en persona creo que coincidirían conmigo: bella, pero muy callada, pelo negro, largo y algo quebrado, sonrisa enigmática y sobre todo, sus ojos de color negro y tan brillantes que… No se, tenían algo especial.
Me habían llegado algunos rumores de parte de algunos amigos comunes: decían que ella estaba interesada en conocerme y ver si existía alguna posibilidad de llegar a “algo más”. Todo se confirmó con una hermosa carta que me envió firmada con un beso color carmín.
No puedo mentirles que levantó mi ego… Y por ese maldito ego que acabe ignorándola… Bueno, esa fue la apariencia que di ante mis amigos y ese fue el mensaje que le llego a ella. Después de ese día ella me miraba con algo de desprecio y desviaba su mirada hacia otro lado.
Ya que estamos poniéndonos honestos les debo de confesar que cuando ella se me “lanzó” honestamente le “saque”. Me dio miedo, me arrugué, me fruncí… Pónganle el sinónimo que quieran...
II
Hay varias cosas que en este momento voy meditando y me doy cuenta que no encajan de manera lógica.
Por ejemplo esa invitación a comer para mi grupo de amigos con todo y un servidor incluido algunas semanas después de que ella comenzara a desviar la mirada cuando pasaba cerca.
Se acercó a nosotros y de la manera más amable que he visto en mi vida nos pidió le aceptáramos una invitación a comer a un lugar agradable cerca de Ciudad Universitaria el cual fue bautizado como “El paseo de la Salmonela “ por los médicos que estudian en la Facultad cercana y que irónicamente suelen ir a comer ahí.
A algunos del grupo, incluido yo, nos cayó de raro que se nos acercara con ese ofrecimiento. Pero “como a la gorra no hay quien le corra” aceptamos.
Ese día nos encontramos con algunos antiguos compañeros de la preparatoria que estaban estudiando en Odontología. Aparecieron en el momento justo que me entregaban mi plato de pozole, todos nos levantamos a saludarlos, excepto ella.
La dejamos sola en la mesa de manera muy grosera. Después de eso, nos despedimos de ellos y regresamos a ofrecerle disculpas. Comimos, tuvimos una bonita platica (algo forzada) y después nos retiramos.
Saben, a pesar de todo es una persona simpática, tiene muy buena conversación y es muy agradable. Por eso me sentí muy mal cuando la dejamos sola con la cuenta.
Me sigo preguntando: ¿Porque ninguno de nosotros le hizo caso a ese presentimiento de que algo andaba mal cuando nos invitó a comer…? Bueno, tal vez porque ya estábamos acostumbrados a esa sensación extraña que la acompañaba siempre.
En el grupo corría el rumor de que ella era bruja o algo así. Y sus acciones no ayudaban en nada a quitarle esa fama, especialmente su personalidad introvertida y sus chispazos de psíquica…
Ejemplos sobran: siempre sabía las veces en que un profesor no iba a llegar a la clase y mientras nosotros lo esperábamos pacientemente ella se retiraba sin mayor empacho… O había veces que llegando al salón inmediatamente se ponía a leer sus apuntes de la materia; nosotros no la bajábamos de matada o nerd pero después de reprobar los exámenes sorpresa que ocurrían ese mismo día supongo que ella no nos subía de estúpidos...
IV
Dos días después de que fuimos a comer, cada uno de los presentes aquella tarde cayeron enfermos, a excepción mía y de ella.
Al principio yo pensé que les había hecho daño la comida y que ella tenia algo que ver… Pero cuando me enteré que se habían enfermado de la garganta me tranquilicé… Y por eso no le di mucha importancia cuando, al séptimo día, empecé a sentirme algo enfermo.
Esa tarde, después de clases, me compré unas jícamas con mucho chile y limón que me fui comiendo en el camión, llegue a mi casa, comí tranquilamente con la familia y después de un rato me subí a estudiar para un examen próximo. (Bueno, en realidad subí a mi cuarto a escuchar música y a perder el tiempo.)
Unas horas después comencé a sentirme extraño: sentí mi cuerpo un poco más pesado de lo usual y finalmente el sueño me venció.
Comencé a escuchar pasos en mi cuarto, entreabrí los ojos: no había nadie... Volví a cerrarlos y escuche los mismos pasos acercándose a mí lentamente. Entonces sentí algo extraño: podría jurar que alguien se había sentado en mi cama
Una sensación extraña recorrió mi cuerpo lentamente y al llegar a mi mano tomó forma: era una mano helada que lentamente subió por mi brazo, acariciándome hasta llegar a mi pecho. Era un toque agradable, pero era tan frío que quemaba la piel. Sentí como recorrió lentamente mi pecho, acarició mi cuello y finalmente rozó mis labios.
Súbitamente sentí que algo pesado se subió en mi. Estaba totalmente inmovilizado por “eso”. No podía ni abrir mis ojos ni respirar.
Empecé a sentir que mis pulmones ardían por la falta de aire, mi cuerpo se iba debilitando por el esfuerzo, mis parpados pesaban cada vez más, el bulto me congelaba....
Con lo que me quedaba de fuerza me impulsé para rodar fuera de mi cama... Entonces desperté: me había caído de la cama y estaba tosiendo.
Me di cuenta que me estaba ahogando con mi propia saliva y que estaba sudando profusamente debido a una fiebre que me invadía.
No salí de mi cuarto hasta la mañana siguiente. La fiebre fue subiendo poco a poco pero no le di importancia, salí de mi casa y abordé el camión como todas las mañanas; la eterna monotonía del transporte me arrulló.
Pero esta vez había un sonido muy ligero, casi imperceptible que no me permitía dormir en paz.
¿Qué era? ¿Qué era? ¿Era el motor del vehículo? No, no lo creo; ¿o acaso era el par de comadres que estaban hablando acerca del mañoso y mano larga de su patrón? Tampoco, era otra cosa; ¿Qué era eso…? ¿Podría ser acaso…?
La voz del conductor gritando “Servidos” a todo pulmón me saco de mi reflexión, ya había llegado a mi destino e iba con 10 minutos de retraso.
Recorrí la distancia que había entre la entrada del edificio y mi salón en tiempo record. Supongo que como llegue sudando y con la mirada algo perdida nadie notó que venía algo enfermo. A excepción de Sandra que al verme mostró cierta preocupación que no desapareció de su rostro durante el resto del día.
Después de la cuarta clase, una de mis amigas notó que estaba “un poco enfermo” cuando vio que mi camiseta estaba totalmente empapada en sudor y sentía el calor que emanaba de mi cuerpo a más de 30 centímetros de distancia.
A pesar de esto el profesor no me dejo salir hasta que terminó de contar su gran aventura en un viaje a no se que país en el que le paso no se que cosa. Finalmente logré salir del salón, no sin que antes Sandra se despidiera de mi con un beso en la mejilla y un suave y casi imperceptible “Cuídate”.
Regresé a mi casa mas muerto que vivo, de hecho fue un milagro que diera con ella. Lo único que me permitió identificarla fue un graffiti en una pared; una vez adentro pase como un fantasma por la sala y atravesé el camino hasta mi cuarto con dificultad. Me encerré, encendí la luz para finalmente tirarme en la cama boca abajo. Dos horas después me aburrí de esa posición y gire mi cuerpo hasta quedar boca arriba.
Debido a esa maldita sensación de calor no pude conciliar el sueño, me dolían hasta los huesos... Cuando cerré los ojos tratando de dormir me di cuenta que más allá de ese malestar era ese maldito sonido lo que me perturbaba.
En el silencio de mi cuarto logré percibirlo con más claridad: un ligero zumbido de oídos ligero y molesto.
Me quedé tendido como un cadáver, no se cuanto tiempo pasé buscando las fisuras del yeso, contando la telarañas en las esquinas y bautizando a las arañas que las habitaban.
Después de haber hecho una crónica detallada de la vida de Martha, la inquilina de la sexta telaraña en la esquina izquierda de mi habitación decidí dejar mi labor de documentalista para encaminarme a otra labor: descubrir de donde salía el mentado ruido.
Volteé hacía mi izquierda y miré detenidamente mi televisión, estaba totalmente apagada y no podía ser la fuente del sonido. Busque un poco más y me encontré el ventilador de mi cuarto... Podría ser… No, no lo es… Hace una semana le metí un lápiz y atore las aspas, se quemó el motor y lo desconecté… Entonces ¿Qué era?... ¡Claro! ¿Cómo no se me ocurrió antes?
Volteé la cabeza con dificultad y a mi derecha me encontré con un pequeño radio viejo, las bocinas ya estaban “voladas” y por esa razón mientras estaban conectadas hacían un ruido ligero, como de estática.
Por alguna extraña razón averiguar que el sonido provenía de ahí me tranquilizó mucho. Pero eso no le quitaba lo molesto…
¡Maldita fiebre! Supuse que fue algo que comí, ya que mi estomago se estaba moviendo mucho y haciendo muchos ruidos…
Estaba desesperado y me nació decir: ¡Quisiera algo de paz! ¡Si no puedo dormir, por lo menos quiero silencio absoluto!
“Cuidado con lo que pides porque se te puede cumplir” A eso de las 8 de la noche hubo un apagón. Recuerdo que escuché la voz de mi padre diciendo que lo iba a reportar.
Silencio, solo el silencio. Y la oscuridad total que me envolvía. Era realmente relajante, era como estar en otro universo, en otra dimensión donde la paz reina...
¡Podría jurar que entre las sombras vi algo moverse! ¿Como es posible…? ¿En la oscuridad…? Se que es imposible, pero la vi. Era una silueta que se movió rápidamente hasta llegar a mi lado…
¡No, no otra vez! Es ese maldito zumbido otra vez… ¿Pero cómo…? El estereo estaba apagado, no tenía energía para funcionar.
¡Entonces las bocinas no eran la fuente! Ese zumbido ¡Ese maldito ruido! ¿Qué era? ¿De donde venía…?
Pasaron un par de horas y no pude ubicar el origen de ese ruido. Y eso me preocupó: Porque si no venía de mi cuarto ni de dentro o fuera de la casa. ¿De donde? ¿De mi cabeza? Por primera vez cruzó la idea de que me estaba volviendo loco…
Lo escuché con detenimiento y me di cuenta de algo: no era solo estática, parecía código Morse, un telegrama o los ruidos de un MODEM viejo de computadora… Tenían ritmo, cadencia. Las pausas no eran al azar, se los puedo asegurar.
Otra vez la sombra estaba ahí, justo al lado de mi cama. Conforme se desplazaba noté que hacia un sonido, como el que produce la seda al rozar la piel: estaba a mi lado y me observaba con detenimiento.
El sonido… Cada vez se aclaraba más, los intervalos, el ritmo. Todo se definía mejor. Mi estomago comenzó a doler… La boca me sabia a metal, mi saliva era espesa y no la podía pasar fácilmente… No, no era sabor a metal. ¡Mi saliva sabía a sangre…! ¡No podía moverme!
Sentí como si algo quisiera salir de mi vientre… El ruido se escuchaba cada vez más fuerte, más intenso… Comencé a reír y a llorar a la vez... ¡No podía controlarlo! Reía de miedo y de nerviosismo, supongo…
La sombra me miraba en las oscuridad y un instante después se atrevió a tocarme... ¡Era la mano helada! ¡No había sido un sueño!
Ya no era tan solo ruido: Me dolía el estomago, me ardía… Era como si tuviera un animal enjaulado en mi abdomen. ¿Por qué tenía que dolerme en este momento…? ¿Por qué ahora que la sombra estaba ahí…?
De nuevo su helada caricia quemó la piel de mi rostro, sus helados y delgados dedos pasaron por mi cuello, por mi pecho y finalmente se detuvieron en mi abdomen ¡Ese frío! ¡Ese frío me caló hasta los huesos! Y lo que tenía en el estomago reaccionó ante él…
Se detuvo… El dolor se detuvo, pero lo que percibí era peor aun: sentí como una criatura moviéndose lentamente en mi, como si fuera un pequeño gato saludando a su dueño.
IX
¡Los ruidos…! ¡Los Ruidos…! ¡Los ruidos eran palabras! ¡Eran palabras!
En el momento en que la sombra dejo de acariciar a su infernal mascota esta comenzó a zumbar.. No fue hasta que puse más atención que descubrí que cada uno de esos zumbidos eran delicados fonemas como los que usamos diariamente. Su mensaje era terriblemente claro:
“Estoy dentro de ti… Estas bajo mi poder y voluntad… Eres mío, solo mío”
¡Esas palabras! Esa bestia estaba en mi cuerpo, bebiendo de mi sangre, alimentándose de mí! Robando mi vida a cada instante.
Comprendí porque no me podía mover: ¡Esa cosa ya había tomado control de mi cuerpo!
Me retorcía al igual que la bestia dentro de mi… La sombra me veía omnipotente, orgullosa de su labor… Yo estaba convulsionando o algo similar. Sabía que iba a morir…
¡Pero iba a morir peleando…!
Si ya había logreado liberarme del poder de la sombra una vez bien podía hacerlo de nuevo… Una vez más logreé rodar y caer de la cama… Podía percibir a la sombra caminar a mi lado mientras me arrastraba con dificultad por mi cuarto. La sombra observaba cada uno de mis movimientos, no perdió de vista mis intentos fallidos de abrir la puerta… Disfrutaba de verme así…
¡Lo logré! ¡Logré abrir la puerta!
Me arrastré y me la pasé temblando mientras reptaba a través del pasillo que da a las escaleras. Deje que mi cuerpo resbalara por ellas y no me detuve hasta que choqué con el sofá de la sala…
La luz regresó de improviso y mis padres entraron a la habitación… En ese momento un grito de terror salió de mi. Un grito que aun ahora resuena en mis oídos y que dejó lastimada mi garganta.
Comencé a vomitar un liquido transparente y finalmente de mi salió una especie de listón grueso, suave al tacto de mi lengua, un listón grueso, casi infinito, de varios metros de largo, después de un largo rato expulse totalmente a esa cosa y caí inconsciente.
Todo quedo en blanco después de eso…
Cuando desperté reconocí el rostro amigable de un medico, amigo de la familia. Estaba de nuevo en mi cuarto con una infusión de suero intravenoso, terriblemente débil y con la boca seca.
El doctor me pidió que no hablara y que lo escuchara: Había sufrido un cuadro terrible de parasitismo; en todo su tiempo de carrera no había visto algo tan grave como lo que me había sucedido. No comprendía como fue que esa cosa casi me mataba y que haya sobrevivido tanto tiempo en mi estomago: Un ambiente terrible para los de su clase. Un caso único según su opinión y que esperaba que fuera eso: único.
Le preocupaba que esa especie tan común de parásito (La tenia solium o solitaria) evolucionara a una especie tan agresiva y resistente como la que me había atacado.
Me preguntó donde había comido en las ultimas semanas, le mencioné entonces las jícamas que me había comido y las descartó inmediatamente, esa cosa necesitaba tiempo para crecer. Fue entonces que le mencione ese pozole en el “Paseo de la Salmonela ”.
Entonces comenzó a reírse. El había estudiado en Ciudad Universitaria y conocía la fama del sitio. Comenzó a hablar sobre las investigaciones que se habían hecho en ese sitio, los riesgos de comer en la calle, y que específicamente ahí daban caldos de bacterias y tacos de enfermedad… Después de un rato lo ignore completamente.
Cuando acabó su discurso me receto algo contra los parásitos y algo para la fiebre, la cual me hizo alucinar todo el asunto de la sombra.
XI
Ahora, a un mes y medio de aquella noche yo sigo jurando que era en realidad otra cosa…
¿Y saben por qué creo eso?
Porque a partir de esa noche no he podido de dejar de pensar en Sandra.
Según mis padres entre delirios lo único que repetía era su nombre y lo primero que hice al recuperarme fue ir a buscarla para ofrecerle disculpas por lo mal que la había tratado y pedir una nueva oportunidad para conocernos mejor… A la semana nos volvimos pareja.
A cada instante la recuerdo, su suave perfume enerva mis sentidos, cada minuto que paso con ella no me es suficiente, cada que me besa siento que me quema, cada vez que acaricio su piel pierdo el control. Y yo quiero más de ella. Mas y mas… La necesito, la deseo… Se ha vuelto una droga… Y como todo adicto estoy dispuesto a hacer lo que sea por obtenerla.
Mis amigos están preocupados ya que los he abandonado por estar al lado de mi Sandra. Yo también estoy preocupado porque siento que ya no soy dueño de mi voluntad.
Inclusive en la ultima conversación que tuve con mi mejor amigo mi reacción me preocupó: él dijo “Hermano, algo me dice que ella te echo toloache en la comida… Ya ves que dicen que las brujas donde ponen el ojo ponen la bala y uno que otro bebedizo…” Le solté un puñetazo por haberse burlado de ella, cuando yo me había reído alguna vez de ese comentario.
Yo se que hubo algo mas esa noche.
Y ya sea por el toloache, o los parásitos o lo que gusten, yo ya no vuelvo a comer en el paseo de la Salmonela …
Por lo menos, hasta que Sandra me lo pida…
Está un poco extenso, pero quedó 'guapo' ;)
ResponderEliminar