Por J. Reyes
- Tengo demasiado que cambiar… – musitó Uriel al verla tomada del brazo de su nuevo novio…
Sus miradas se encontraron, ella se ruborizó inmediatamente y se aferró con fuerza a su actual pareja, disimulando su pena en un efusivo abrazo.
Mientras tanto por la mente de Uriel pasó la película de su extinta relación:
Un trago en el lugar donde él acostumbra tomar, miradas que se cruzan, una noche divertida, intercambio de teléfonos y direcciones de Facebook… Lo usual.
Mensajes que se convirtieron en llamadas, llamadas que se transformaron en citas y citas que luego se convirtieron en su vida cotidiana.
Siguiente escena: Una pareja feliz que cada miércoles se encontraba a la salida de su trabajo para ver una película y que todos los fines de semana salía a dar una vuelta por el Centro histórico.
La función de cine mental llegaba a su intermedio.
Uriel y ella estuvieron cómodos con este ritual todos esos meses… Demasiado cómodos… Jamás se había puesto a reflexionar sobre ese detalle hasta ahora que volvía a verla: todo había sido culpa de la rutina.
El intermedio concluyó con esa revelación y las imágenes se agolparon en su cabeza…
Él se llamaba orgullosamente a sí mismo “un animal de costumbres” y en ese instante descubrió que tan amaestrado estaba por ellas: el lugar donde la conoció era al que acudía religiosamente cada viernes por un trago, sus salidas al cine eran siempre en el mismo lugar y a la misma hora. Su recorrido por el centro histórico era similar o incluso más preciso que los tours para los visitantes extranjeros.
Los mismos comentarios, las mismas bromas, las mismas caricias e incluso las mismas posiciones al hacer el amor; todo era igual a cada instante, incluso su noviazgo era una copia al carbón de cada una de sus anteriores relaciones… Y al igual que en esas ocasiones comenzó a salir con la chica de reemplazo antes de dejarla definitivamente.
Uriel se había convertido en una sucesión de rituales y automatismos… Y todos lo dejaban vacio… El placer se había convertido en un bostezo, la alegría en una cadena de reacciones preestablecidas, la carcajada solo era una respuesta condicionada al mismo estímulo forzado.
En el momento que las miradas de ambos se cruzaron se dio cuenta de la verdad: ya no era un animal, solo era un envase para que la costumbre se manifestara.
Este encuentro fortuito despertó un nuevo deseo en lo más profundo, algo fuera de su cotidianeidad: deseaba ser libre de sí mismo, de la rutina, de sus hábitos, de la chica que reemplazaba a su ex pareja, la cual caminaba a su lado en ese mismo instante y que veía con incomodidad y vergüenza esta extraña reunión.
Ni Uriel ni su ex se detuvieron, ella continuó su camino hacia afuera del edificio con el rostro enrojecido, mientras él apenas ingresaba con su desconcertada compañera…
En ese instante, contrario a su habitual forma de ser, comenzó a pensar las mil y un cosas que debería cambiar para ser libre de la rutina que lo ahogaba… Comenzando por el habito de llevar a sus parejas al mismo hotel de paso donde ocurrió este encuentro.
que onda...o le echas más ganas o le echas más ganas...¿saben qué es lo que me encanta de mis comentarios primeros? Que puedes leerlos y pensar que son para el personaje principal pero, a la vez, pueden ser comentarios para el autor. Depende del animo para leerlos...
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