jueves, 17 de marzo de 2011

Lugar común #4

Por J. Reyes


Ella gemía lujuriosa mientras el embestía su cadera contra la de ella. El sudor, el aroma de ambos se mezclaba junto con sus movimientos, eran uno y dos a la vez. 

Aceleraron el ritmo y el placer que recorría el cuerpo de ella finalmente brotó a través de sus gritos: 

-       ¡Dios! ¡Oh Dios! ¡Qué delicia! ¡Qué rico! ¡Siento… Siento que se me va el alma…! ¡Dios! ¡Me vengo! ¡Dios!

Él se detuvo súbitamente retrasando su clímax momentáneamente y sin salir de ella acercó su rostro a su delicado cuello, pasó lentamente su lengua por el y respirando pesadamente en su oído le dijo:

-       Amor… Ya te dije que no hablemos de trabajo en nuestro tiempo libre… ¿Entendido Teresita?

Y excitada por la manera en que la llamó, besó sus labios y le respondió
-       Si padre Anselmo… Perdón… ¡Papi!  - Añadió ella con una alegre carcajada que retumbó en el vacio atrio de la iglesia del pueblo de San Joaquín.

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