martes, 22 de febrero de 2011

Debut y despedida.

Por J. Reyes
Basado en una historia real .

Es la primera vez que hago este tipo de cosas… Realmente tengo fe en que salga bien… No sé porque me pongo nervioso, ya todo está cubierto: La cena y la recepción la cubrió la familia de ella, la luna de miel, los anillos y el juez lo pagó mi mejor amigo y padrino José, alias  “El pecas”. Todo va a pedir de boca… Y yo sigo nervioso… Solo estoy esperando a que ella regrese de retocarse el maquillaje y realicemos el brindis ante nuestras familias…

4 años como novios finalmente culminaban con esta boda civil… Ninguno de los dos es creyente así que nos saltamos el formalismo y el gasto de la boda religiosa con  vestido blanco  y nos fuimos a la fiesta en un salón al norte de la ciudad de México.

Sigo observando el ambiente de la fiesta desde este cuarto ubicado al lado del salón que supongo servirá como camerino para las chicas que celebran sus quince años en este lugar. El sitio está lleno, llegó familia de ella desde el sur del país, reconozco a algunos, pero la gran mayoría son rostros nuevos: parejas jóvenes y varias parejas mayores, algunos que con tan solo verlos puedes gritarles “tío” o “tía” y muchos pero muchos primos de todas las edades. Los pequeños corretean entre las piernas  de los grandes, que están poniéndose al día de todo lo que ocurre en el clan.

Mi familia solo ocupa una mesa en este salón de piso de mosaico, candelabros dorados y paredes blancas. Mis padres ya murieron y en realidad jamás nos llevamos con el resto de la familia así que solo me acompañan mi hermana Julia, y su pareja Samuel y mi amigo de la infancia y abogado  Ernesto. Puedo ver que se sienten un poco abrumados ante tanta gente extraña, pero yo les prometí que sería solo por un rato. De pronto siento una mano fuerte sobre mi hombro.

-          ¡Felicidades hijo! – exclama don Guillermo, mi suegro mientras me da un efusivo abrazo. – ¡Y tu dile algo! ¿Qué no eres su amigo?
-          Pues ya que…  – respondió en tono de broma “El pecas” – ¡Felicidades Daniel!
-          ¡Gracias Compadre! - respondí - ¿Oye, si vino tu esposa?
-          ¡Claro! ¿Cómo nos íbamos a perder esto? Si yo lo pagué – Dijo mi amigo, bromeando y presumiendo como siempre

Siguieron las felicitaciones y buenos deseos por parte de ambos hasta que Sara apareció radiante, hermosa y tan sensual como siempre, ellos se adelantaron a las mesas y finalmente hicimos nuestra entrada triunfal, bajando por una escalinata que daba al centro de la pista de baile mientras nos anunciaba el animador del salón, aplausos y felicitaciones llenan el ambiente mientras nos dirigimos hacia la mesa de honor.

-          ¡Levanten sus copas! – dice el presentador del salón – ¡Mientras disfrutamos de los hermosos recuerdos que llevaron a esta afortunada pareja a este momento de gozo!

Mientras habla una enorme pantalla desciende sobre una pared a la vista de todos y justo cuando guarda silencio las luces se apagan y un carrusel de fotos aparece al ritmo de la canción de “Titanic”, la cual resuena en todo el salón de fiestas. Imágenes de la infancia y adolescencia de cada uno aparecen y se desvanecen, sale nuestra primera foto juntos en la Universidad, cuando nos graduamos y como en la ceremonia de graduación le pedí que fuera mi novia, nuestro viaje con el “pecas” y su esposa a Guanajuato y finalmente cuando pedí su mano en matrimonio hace 4 meses.

Todos los invitados están embelesados con estas imágenes que se desvanecen lentamente a una pantalla negra junto con la música.  No habían terminado de digerir estas escenas cuando la pantalla negra cortó súbitamente a una escena que nos dejo a todos boquiabiertos, incluyendo a los niños y a mí. Alguien había cambiado el video.

En la pantalla aparece Sara desnuda, gritando a todo pulmón mientras cogía frenéticamente en un cuarto de hotel con un hombre que por supuesto, no era yo… Los gemidos resonaron en todo el salón de fiestas, los padres shockeados cubrieron los oídos y ojos de sus pequeños para que no vieran lo que ocurría en pantalla mientras los niños se reían pícaramente de las exclamaciones “¡más duro, más duro!” que salían de boca de Sara.

Noto inmediatamente dos cosas: la fecha que aparece en una esquina del video es tan solo una semana después de que la pedí en matrimonio, la otra es la espalda llena de pecas del hombre que la monta con brío.

Inmediatamente tomé una de las botellas de tequila y bajé a estrellársela en los dientes a mi “amigo” al mismo tiempo que su esposa lo pateaba con furia. Volteo a ver a Sara: está roja de la vergüenza y al borde de las lágrimas, solo a alcanzo a decirle “puta barata”  antes de dar la vuelta y salir llorando del salón, no quiero ver lo que pase después y me alejo entre gritos, risas y gemidos en sonido estéreo.

Es la primera vez que lloro tanto en público… Estoy llorando más que esa noche hace 3 meses, cuando planee que esto ocurriera así…

Encontré el video un par de días después de que “el pecas” lo subió a la red, el mundo virtual es un pañuelo… Me sentí morir, traicionado, herido… Estuve a punto de cancelar la boda, pero pensé en algo mejor: que “el pecas” y Sara literalmente pagaran por su humillación. Ni el salón ni el juez reembolsarán lo gastado, yo tengo la factura y  los anillos de boda que empeñare a la primera oportunidad que tenga y hoy en la mañana Ernesto cambio el video y el paquete de viaje: se lo regale a mi hermana y a su novio. Me apoyaron en el peor momento y tenía que retribuirles de alguna manera.

Ellos ya me esperan en el carro junto a Ernesto que me trae la demanda de divorcio. Es bueno tener un verdadero amigo  y  que en menos de 3 días me devolverá a la soltería. Aunque me remuerde la conciencia por don Guillermo, él no tiene la culpa de que su hija sea una zorra y mi ex-amigo sea tan presumido… En fin…

            Estoy triste, pero tranquilo… Y para ser mi primer venganza (y espero que la ultima) me salió bastante bien… 

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