domingo, 6 de febrero de 2011

Mi viejo Guardián.

Por J. Reyes 

Desde que tengo memoria estaba ahí, entre nosotros.


Toda mi infancia está llena de recuerdos con él, era un ser alegre y juguetón que gustaba de divertirse conmigo. Era cariñoso, fiel, noble, leal como ninguno, amigable y tierno para los que amaba y fiero contra aquellos que deseaban dañarnos. Mejor guardián no se podía desear.

Como todo buen guardián responsable se encargaba de proteger a toda la familia contra todos los incidentes posibles. Siempre estaba ahí para hacernos saber que no estábamos solos, ya fuera en un pequeño tropiezo de la vida o en los momentos en los que más necesitábamos sentir el calor de un ser querido.

El tiempo pasó y nuestro guardián fue creciendo con nosotros, acompañándonos a cada paso, pero el tiempo no perdona a nadie y no era la excepción.

Ahora el brillo de sus ojos se desvanece poco a poco, ya no es el mismo guerrero leal, ya está cansado, demasiado. Se porta huraño, desconfiado, alejado de todos y todo. Tal vez sea como alguien me dijo, que ahora que ya la conciencia le ha abandonado lo único que logra recordar es aquello que alguna vez le hizo sentir bien o le hizo sentir mal. Y en ambos polos estuvimos nosotros.

Ahora se encuentra atrapado entre las sombras de lo que alguna vez fue y lo que alguna vez sintió. Es un ser atemporal.

Se ha convertido en un fantasma…

No niego que lo sigo queriendo, pero ahora ese espectro aterra nuestras noches, su visión nos llena de pena y dolor y en mi caso me llena de horror. ¿Es acaso este el destino de todos nosotros? ¿Marchitarse y morir? ¿Ver que todo lo que alguna vez fuimos se desvanecerá entre nuestras manos? ¿Ver como inclusive nuestros recuerdos amados poco a poco se desvanecen?

¿Quién se ocultó en quien? ¿La sensación de vacío y miedo en la compasión o viceversa? Esa pregunta me sigue persiguiendo cada ahora.

Un día decidí salir a pasear con el como en los viejos tiempos. Nos divertimos como locos jugando como cuando el era más joven y yo un niño,

Supongo que a su mente regresaron esos hermosos recuerdos ya que en la noche, durmió en total calma, algo que hacía un buen tiempo no hacía.

Acaricie de nuevo su cabeza y fue entonces que preparé la inyección. Esa hermosa expresión de paz me hizo dudar, pero no me detuve. La inyección lo molestó un segundo, más la calma volvió  a su rostro unos instantes después.

Era todo tal y como lo había planeado: deseaba que muriera de una manera calmada y pacifica, deseaba que muriera durante el sueño y que en su mente solo estuvieran los mejores recuerdos de su existencia, que su último pensamiento fuera una idea feliz que lo llenara de paz y satisfacción.

Se lo debíamos por toda un vida de lealtad y cariño… Honestamente se lo debía y esa fue mi manera de agradecérselo…

“Hasta luego papá…” Fue lo único que logré decir en el momento de lanzar el puño de tierra sobre su ataúd. Su obituario fue mas elocuente que yo: “Señor A… D…, fallecido por un paro cardíaco mientras dormía, será enterrado hoy en el panteón C…  a las… Le sobreviven su esposa y su hijo”

Pero aún así dentro de ese seco “hasta luego” se ocultaba mi verdadero sentir:

Hasta luego mi viejo guardián y gracias por todo lo que nos diste… 

1 comentario:

  1. Por un instante pensé en el perro gigante que me contaste tuviste de niño o.o

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