domingo, 7 de noviembre de 2010

Mi correo y Dios


Sentada sin saber qué hacer, tengo dos opciones: eliminarlo o reenviarlo. Ni siquiera puedo ir al baño y mi pie derecho se desespera. Ahora entiendo que él  es omnipresente… ¿Por qué Dios, por qué estás en mi bandeja de entrada? 

“Léelo, no te arrepentirás”, decía el correo, pero me arrepiento  y viajo diez años atrás cuando esperaba sentada a confesarme con las  manos sudando  y memorizando mis pecados. Número uno, le pequé a mi hermana con un gancho; dos, yo fui la que perdió el anillo de mi madre; tres, rompí  el gato de mi abuelita; cuatro, no hice una tarea de español; cinco, dije  “pinche” a una amiga… ¡No, no puedo decir eso frente al padre!, mejor digo  que expresé una mala palabra; seis…
No llegué al seis porque en ese instante un chamaco resbaló y los otros niños presentes, incluyéndome, nos atacamos de la risa.
-           
             - ¡Niños!- gritó la catequista-  si siguen riéndose  no se van a confesar.

¡No! Grité para mis adentros, llevo cinco  meses en el catecismo  para confesarme  y  después  formarme en cada misa de domingo  para probar la hostia, luego de esto  ya no me quedaré  sentada en las ceremonias  de los quince años de mi primas… seré GRANDE.

Pero los niños reían bajito y tenía que pellizcarme  las manos para no hacerlo. Faltaban tres niñas y escondía mi cara  ante la virgen  de la parroquia. Virgencita por  favor,  calla a estos niños  para no seguir riéndome,  virgencita ¿puedes dejar de mirarme y mirarlos a ellos?

¡Qué impaciencia! Por suerte para mí las niñas que pasaron no tenían tantos pecados que confesar. Llego mi turno, el padre  muy serio preguntó  los míos y fue tan rápido  que creo dije “pinche”. Mi sentencia, bueno, no la recuerdo y jamás  he vuelto a confesarme, sólo el día de mi primera comunión probé la hostia, pero me  como muchas obleas de colores en el metro. 

Mi madre me llegó a decir que el padre era joven y muy guapo. Lo era   y ha de ser esos que diez años después  mandan correos  cadenas sobre Jesús.  Dios, no tengo nada en contra tuya  pero para una mente débil como la mía  le es difícil reenviar  un correo a diez personas. Apenas consigo cuatro: una amiga católica, dos cristianos y un testigo de Jehová…

Sí,  son bendiciones y las bendiciones son bien recibidas. Pero no es más fácil  decirlas en persona, ¿tiene el mismo valor  las bendiciones cibernéticas? 
Y de nuevo tienes razón.  Es más fácil reenviar chistes y fotos chistosas y hasta morbosas, sin embargo, si envío el correo  no quiero verme santurrona con mis contactos. 

Lo he resuelto. Se lo envío a todos mis amigos, los conocidos y desconocidos, los que me caen bien y los que no tolero, en total son cincuenta y cinco. Y se compensa. Ya no voy a la iglesia, ya no escucho mucho de ti, pero te veré seguido en mi correo electrónico.

4 comentarios:

  1. Me gustó mucho Gaby :)
    Excelente inicio de Blog :P

    Que estés bien =)
    Bye*

    ResponderEliminar
  2. jajajajaja está muy bueno Gaby!!! me sentí taaaan identificada!!! ^^

    Excelente...espero ver más de estos pronto.

    ResponderEliminar
  3. Bueno, ya lo había leído y... es bueno, pero regularmente tienes más potencia. Quizás fueron los nervios de escribir para un público tan amplio. Sigue, sigue, sigue...

    Daniel Antonio

    ResponderEliminar